martes, 24 de abril de 2012

La Casquería de Kobe


Existen muchísimos enigmas en este mundo. Hoy, pequeños agraciados de leer estas palabras, vamos a analizar uno de los más extraños y curiosos casos que existen en la naturaleza. Esta singular paradoja escapa a toda compresión humana, de tal manera, que incluso Iker Jimenez y su banda desistieron en su análisis. Tras un largo y fructuoso debate y tras mucho tiempo de meditación, los monjes tibetanos agripnios decidimos que era necesario para el bien de la humanidad desvelar este escabroso secreto.



La paradoja trata de una abominación proveniente de las lejanas tierras mesetarias de Agartha. Una criatura de una fealdad extrema que hace dudar de la existencia de un ser supremo que permita tanta maldad estética. Goya, en su última etapa, tendría erecciones de tal magnitud ante el grotesco de este ser que moriría por falta de riego. Para simplificar la descripción de este ser diremos que es asqueroso. Y  para haceros una idea terrenal de esta criatura, la compararemos con una morsa. Que éstos nos perdonen tal comparación, nosotros  no podremos perdonárnoslo nunca.

Lo curioso de esta criatura es que llegó a nuestros oídos que mantenían más relaciones sexuales que cualquier ser humano medio. O incluso mucho más. Literalmente, nos confirmaron nuestras fuentes de principios del siglo XX que tenía más relaciones que tres jóvenes de gran estilo y humildes penes y dos encantadoras damiselas de muy buen ver. Esta paradoja causó un gran revuelo en nuestro templo agripnio. ¿Cómo podía darse tal situación? ¿Qué mente enfermiza podría sucumbir ante tal engendro? ¿Era el fin de la especie humana? Parecía que cuatro jinetes se vislumbraban en el firmamento. Sin embargo, encontramos una solución plausible a estas cuestiones.

Para empezar, hay que reconocer que hallar una explicación a tal paradoja fue más complicado que vencer a Gary en el SS Anne con un Magikarp recién pescado con caña vieja. Mucho tiempo discutiendo como podía sucederse tal injusticia en el mundo, y como el género masculino parecía haber perdido el norte completamente. ¿Cómo podía ser que alguien pudiera acceder a tener relaciones con tal personaje, con todo lo que ésto conlleva? Por que si de primeras no entra por los ojos, cuando se descubran sus partes innobles, ¿En qué coño pensará el desgraciado que se encuentra en tal situación? ¿Y cuando haya que bajar a hacer espeleología qué? (Un profundo sudor frío recorre la espalda del autor del texto al escribir tal pregunta. La vista se nubla y profundas arcadas arden desde el interior del cuerpo. Nauseas. Solo nauseas y asco). 

La única solución que encontramos es que tal engendro debe tener unas cualidades excepcionales en el acto sexual aprendidas por el mismísimo Eros para suplir la injusticia de su cuerpo creado con los retales de la especie humana. Su capacidad para dar placer debe de ser de una magnitud casi titánica. Sin embargo, aunque este dulce caramelo pueda ser de lo más placentero, no hay que obviar su horripilante envoltorio. Es por ello que definimos tal paradoja en una gráfica metáfora: "La Casquería de Kobe". Para todo aquél ignorante que no sepa a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos del Kobe Beef, les dejamos una descripción de la misma que se encuentra en el embalaje de dicho producto en cualquier Mercadona:
                                   
"Tanto de buey como de ternera, la carne de Kobe es una de las más apreciadas del mundo por los gourmet. Los animales, antes de ser sacrificados, reciben diversos cuidados entre los que se incluyen los masajes que relajan sus músculos y hacen la carne más tierna además les dan cerveza y granos diariamente".

Para entender tal metáfora hay que entender que realizaremos una comparación entre el género femenino y el buen comer. Aunque esta comparación pueda parecer de un aberrante machismo de primeras, realmente solo nos sirve para poder comparar el deseo sexual que despierta una mujer en un varón, como el que despierta un buen manjar al apetito. Por ejemplo, Adriana Lima sería un buen solomillo de Kobe Beef poco hecho en piedra pizarra, con acompañamiento de foïe gras de oca y boletus, aderezado con una reducción de Pedro Ximenez y finas hiervas, y acompañado con un Château d'Yquem de 1811. Esto es, el master premium del placer.

        


De esta forma, cuando decimos hablamos de "Casquería de Kobe", tenemos que entender qué es la casquería: 

"Casquería es un término culinario usado para aludir todo tipo de asquerosas entrañas (víscerasentresijosasaduras o achuras) de un animal sacrificado, así como a otras partes tradicionalmente consideradas despojos: morro, careta, orejas, lengua, manos, sangre, etcétera".

Sí, son los restos de los restos de un animal. Por ello, si nuestro engendro no tuviera ninguna habilidad especial, sería simplemente eso, casquería. La asquerosidad alimenticia. Sin embargo, en este caso le acuñamos la categoría de Kobe porque sus dotes sexuales se ganan esta categoría (probablemente porque a la hora de hacer un solo de flauta conoce, y sabe manejar y combinar a la perfección más de 12 variables. Lo cual es muy loable). 

Con todo, aquél que este comiendo una sopa de casquería de Kobe encontrará de lo más delicioso tal caldo, pero antes o después tendrá que encontrarse con un tropezón en la boca, lo cual hará desvanecer todo placer ideal que hubiera podido aflorar en su mente, ya que sigue siendo casquería y sabrá que está comiendo la peor basura que se puede llevar a la boca. De esta misma forma, aquél que sucumbe a los encantos de nuestra "Casquería de Kobe" sabe que, aunque esté recibiendo un placer de lo más exquisito, el elemento que se lo está dando es una abominación con la que tendrá que tener contacto carnal con ciertas partes de su cuerpo de las que antes o después se arrepentirá. Con ese peso deberá vivir todo el tiempo. Y es algo que nosotros no compartimos.

Y es que nuestro consejo es ser un gourmet en todos los aspectos de la vida.


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