domingo, 27 de mayo de 2012

Chicago años 20

Dandole vueltas a la conciencia y a la consciencia trastocada, como buen agrípnio monje que habita las barrocas pero diáfanas salas de Palais de Fifar, parose un servidor a divagar sobre la maquina del tiempo del profesor Frinch. Y llegue a la conclusión que deseaba marchar a la velocidad de la luz y descomponerme como materia para recomponerme en los felices años 20 en EEUU. Pero no en un exclusivo barrio residencial de New York, sino plantarme con un par de canicas en la mismisima orilla del lago Michigan, Chicago, en el estado de Illinois.




Es que de verdad, imaginense en una avenida equis, de noche, recien llovido, oscuro cual gato azabache, saliendo humo de las alcantarillas. Un sórdido ambiente apuntillado por un grupúsculo en reunión de machos de edad de cuatro decadas, gabardinas, zapatos de charol y sombrero, una especie de glandes iluminandose cada veinte segundos, a cada calada de puro o cigarrillo. El estraperlo es su unica ambición. La ley seca acecha y siempre tiene que haber un Homer para montar en su garaje una destileria con 49 bañeras de alcoholes variados que dejen gozar a cualquier ciudadano de a pie, que cualquier alma en pena pueda ahogar sus bendiciones en muchos grados de Whisky o que Billy y su banda de secuaces puedan pegarse un lingotazo mientras fuman y juegan a poker.


Presentado contexto, entorno y personajes, esperome que anden disfrutando con su imaginario del viaje espacio-temporal que un humilde agrípnio monje les ofrece como hostia consagrada ofrece un reverendo. Pudieramos estar hablando de una secuencia cinematográfica o literaria, asi que faltame dar a conocer al protagonista o antagonista, según quieran considerarlo. Nos situamos dejando atras a la reunión de compinches contrabandistas de oro líquido, y avanzando 36 yardas apreciamos un periódico formato sabana, Chicago Times, con dos agujeros en el centro, a través de los cuales unas profundas retinas espían recelosas el contubernio que se está gestando en la mencionada reunión de imperiales chiguenses. A espaldas de ese diario, solo puede haber que una figura esbelta, con gabardina de color pardo, sombrero de aspecto detectivesco gris marengo, unos ojos achinados de intensidad neuronal y observación infinita, un minibloc de notas, un lápiz y unas páginas llenas de frases del estilo 4:06 am  "Jonnhy el escocés" visita el garito de "Tony el pistolas". 4:29 am el sospechos abandona el local con una bolsa de papel.



La tensión se corta con hilo de pescar cuando el detective McCorny se cruza en el camino de Jonny el escocés y le apunta con una pistola haciendole abrir su bolsa de papel, sospechando este que lleva dollares y pudiera ser la prueba que necesita para darle caza. El simpaticon Jonnhy abre su bolsa y en tono jocoso balbucea una ingeniosa frase que hace arder en furia al detective al ver que en la bolsa solo lleva una hamburguesa con pepinillo, cheddar y ketchup en cantidad industrial. Con una desmesurada prepotencia que hace caer antipático al espectador, el detective McCorny lanza una tentativa de detención al bueno de Jonnhy "encontraré el modo de que acabes con tus huesos entre rejas".



Después de toda esta hojarasca hilada letra a letra, respiren del todo la brisa, el ambiente expuesto en estas subordinadas y coordinadas de sabiduría agrípnia. Dejen caer sus párpados, junten sus pestañas inferiores y superiores, dejen al libre albedrío sus neuronas (si es female) y a su neurona (si es male) y aparezcan, presentense a orillas del lago Michigan.


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